Coffee News: from Seed to Cup

La Vida Cotidiana de Los Vendedores de Café en Madagascar

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En Madagascar, el café es una obsesión nacional y una parte importante de la vida cotidiana. Su esencia son los vendedores ambulantes que dedican sus vidas al proceso del grano a la taza.

Pero ser un vendedor ambulante allí significa más que solo servir café: los vendedores ofrecen un servicio social vital con cada taza. Exploremos la fascinante cultura cafetera de Madagascar.

Read this in English The Daily Life of Madagascar’s Coffee Vendors

green coffee beans

Mujer malgache vendiendo granos de café verde en su puesto en el mercado. Crédito: Nicole Motteux

El Café es un Estilo de Vida

Puedes tener por seguro que, en toda ciudad agitada y pueblo pequeño de Madagascar, el café es algo garantizado. Los vendedores se instalan bajo la sombra de árboles, toldos, parasoles o en quioscos improvisados. Todos beben café aquí y allá, siempre hay vendedores para satisfacer la demanda.

Madagascar es una tierra de increíbles paisajes y biodiversidad. En esta isla frente a la costa sudeste de África, el 80% de las especies naturales son únicas del país. Esto incluye café silvestre que a veces se bebe localmente a una escala muy pequeña, pero la mayor parte del café que allí se consume proviene de cultivos de Arábica o Robusta.

Según los vendedores, algunos prefieren TAF, un café instantáneo local que se vende en bolsita. Pero la mayoría disfruta de café recién tostado que se sirve fuerte y muy caliente, y que luego se completa con una generosa cantidad de leche condensada. 

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Madagascar

Madagascar es famoso por su rica vida silvestre, incluidos los camaleones. Crédito: Nicole Motteux

Madagascar tiene una larga relación con el café. El país fue poblado por inmigrantes de Indonesia y de la Isla de Borneo hace más de 2.000 años. A fines del siglo XIX, llegaron los franceses, y el cultivo de café tuvo su origen durante dicho periodo.

Los colonos introdujeron reformas agrícolas que convirtieron la producción de café en una industria. Además de árboles de café, plantaron también la semilla de la inconformidad que se convirtió en revolución, independencia y en la inestabilidad actual y pobreza que todavía se observa en Madagascar.

Pero para los locales, el café no se trata de política. Los 24,8 millones de personas malgaches tienen una gran historia de amor con esta bebida. Para jóvenes y viejos, pobres y ricos, el café es una parte esencial de la vida.

“Cuando visito las casas de mis amigos, me dan café sin preguntar”, dijo Harry Rakotosalama, quien ha guiado a turistas, científicos y escritores por Madagascar desde el año 2000. “El café apoya la cohesión social y las relaciones incluso en las familias. Está arraigado en la cultura malgache “, me explicó.

Andao hisotro kafe, que significa ‘vamos a tomar café’, es la forma en que la mayoría de las personas en Madagascar comienzan su día”, dijo.

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Todas las mañanas, la Sra. Golisoa y la Sra. Luzette comienzan el día en un café de la calle. Crédito: Nicole Motteux

Historia Inestable Del Café de Madagascar

La economía de Madagascar depende de la vainilla, el café, el clavo de olor y el cultivo de arroz; pero la agricultura es principalmente para subsistir. Los pequeños agricultores cultivan lo suficiente como para alimentar a sus familias, y venden cualquier excedente en los mercados locales.

Pero esto no fue siempre así. La independencia llegó a la nación en 1960 y, desde entonces hasta la década de 1980, el café fue una de las principales exportaciones de Madagascar. La industria estaba llena de promesas y potencial. De hecho, en este período,  Madagascar fue el octavo país productor de café del mundo en términos de volumen.

En 2001, la producción para exportación se desplomó a solo el 12%. Madagascar ha pasado por cuatro períodos constitucionales importantes desde su independencia y la inestabilidad política ha tenido un gran impacto en la economía del país. La producción de café verde ha sido en promedio de  solo 46,000 toneladas desde 2015.

Aunque el café de Madagascar puede haber caído en sus niveles internacionales, el mercado local es más seguro. De hecho, en casa, el café sostiene a la nación en más de un sentido.

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El café se vende por la medida de una lata de leche condensada en Madagascar. Crédito: Nicole Motteux

Una Industria Innovadora

El café verde se vende en los mercados de Madagascar, donde se toma de los sacos en latas de leche condensada de 390 g. Esta medida universal cuesta alrededor de 3000 Ariary (USD 1).

Dado que la leche condensada es un alimento básico en la región, las latas son abundantes y todo el sistema se basa en esta medida. Si el dinero no alcanza, también existe la opción de “media medida”, usando latas de pasta de tomate de 170 g.

El café preparado se vende prácticamente en todas las calles. La venta de café es un medio de supervivencia y una forma confiable de generar ingresos muy necesarios, especialmente para las mujeres. En el África subsahariana, las actividades de los vendedores representan el 51% de todas las trabajadoras informales fuera de la agricultura.

Los vendedores ambulantes dominan el mercado informal del café. Pocas personas en Madagascar pueden permitirse ir a tiendas de café y los vendedores ambulantes no se desalientan por la falta de servicios básicos como agua corriente, electricidad o refugio. Hay puestos improvisados en casi todas las calles y los recursivos vendedores brindan un servicio esencial.

Una cuarta parte de las familias rurales de Madagascar carece de alimentos y acceso a madera y carbón para cocinar. El café caliente y las tortas de arroz llenan los estómagos vacíos y también les ahorran a los clientes el costo de preparar comida en casa. El café impulsa a esta nación.

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 Vendedora sirve café caliente y tortas de arroz. Crédito: Nicole Motteux

La Vida Como Vendedor Ambulante de Café

Nirina Moratsara ha sido vendedora ambulante de café durante 15 años. Cada mañana, se levanta antes del amanecer para transportar cestas que contienen el equipo que necesita para preparar café. Ollas, cubetas, una estufa de carbón, tazas de colores, azúcar, leche condensada y, por supuesto, café.

A esto agrega masa para mokary (tortas de arroz), mofo baolina (bolas de masa fritas) y menakely (rosquillas de masa). Luego se apresura a su esquina habitual en Antsiranana. Su montaje improvisado contrasta con los tonos brillantes de la arquitectura colonial francesa restaurada.

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El café y las tortas de arroz son las fuentes que llevan dinero a muchos hogares. Crédito: Nicole Motteux

Nirina extiende un mantel de color azul y amarillo brillante sobre una mesa de madera algo deteriorada y pone un banco junto a ella. Mientras sale el sol, el café hierve en la estufa de carbón, los pasteles de arroz se cuecen y las tazas están listas para los primeros clientes.

Los comensales habituales se sientan en el banco y esperan mientras Nirina llena las tazas con café negro caliente por 400 Ariary (USD 0,12). Rotan una lata de leche condensada que agrega 100 Ariary extra al precio, pero que todos usan sin excepción.

Algunos clientes vierten hábilmente su café de taza en taza o en un platito para enfriarlo. Tan pronto como los pasteles de arroz se retiran de la estufa, los sumergen rápidamente en su taza caliente y los devoran.

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Nirina Moratsara y su familia afuera de su casa. Crédito: Nicole Motteux

La hija de seis años de Nirina lava las tazas de café en una cubeta cerca de su madre.

“Ella es muy inteligente y debería estar en la escuela, pero no tengo el dinero para enviarla”, me dijo Nirina lamentándose.

Solo dos de sus seis hijos van a la escuela, y esto no es inusual. Más del 40% de la población de Madagascar tiene 14 años o menos, sin embargo, el país tiene uno de los números más altos de niños no escolarizados.

La inestabilidad política ha provocado recortes en el presupuesto público, la pérdida de ingresos en los hogares y un aumento en los precios básicos de los alimentos. Esta combinación hace que sea difícil para las familias pobres pagar por la educación, y muchas comunidades no tienen escuelas para ofrecer.

Como vendedora de café, Nirina debe invertir en costos de ingredientes, combustible y su trabajo, así como en la puesta en marcha de su equipo. Ella lucha para ganar más de USD 2,50 por día, cifra considerada como nivel de pobreza global, y me dijo que no puede pagar los 120,000 Ariary (US 40) anuales por cada uno de los útiles escolares de sus hijos.

“Mi esposo gana algo de dinero manejando un rickshaw y yo gano 20,000 Ariary por día vendiendo café. Los domingos traslado mi puesto fuera de la iglesia. Puedo ganar más dinero con las personas que van a la iglesia “

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Un cliente compra café verde en el puesto de mercado de la familia Rehotiry. Crédito: Nicole Motteux

Los Comerciantes Mayoristas

Para las 10 am, las ventas de café han terminado y Nirina empaca. Camina 2 km hasta el mercado para comprar suministros para el día siguiente, incluidos granos de café verde.

La familia Rehotiry ha estado vendiendo café en el mercado de Antsiranana por más de 20 años. Hasina Rehotiry les vende a vendedores ambulantes y otros clientes por “medida” de su saco de 50 kg de granos verdes. La familia también tiene pedidos más grandes con otros comerciantes de café en todo el distrito.

Una vez a la semana, Hasina viaja 140 km hasta Ambilobe para comprar granos de café verde. Toma un taxi-brousse, que puede ser cualquier cosa, desde una camioneta o un minibús hasta un automóvil antiguo. La gente se sienta dentro y los paquetes se amontonan en el techo. Le paga al taxi-brousse 5.000 Ariary adicionales por saco de café.

Administrar un puesto en el mercado competitivo del café es un desafío. “El café no es suficiente. También tenemos que vender frijoles y legumbres para ganar dinero suficiente para enviar a nuestros cinco hijos a la escuela “, me dijo Hasina.

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El mercado de Antsiranana es una colmena de actividad. Crédito: Nicole Motteux

El Duro Trabajo Detrás de Cada Taza de Café

Vender café cada mañana es solo parte de la carga laboral de Nirina. Luego de comprar el café verde de Hasina, debe prepararlo.

“Tuesto el café a las cuatro de la tarde, antes de que se oculte el sol. Es más fresco a esta hora del día. Me lleva una hora preparar el café “, dijo.

Nirina y su familia viven en una casa de metal de dos dormitorios. Este estilo es cada vez más popular gracias a los materiales baratos y fácilmente disponibles que son importados desde China.

Fuera de su casa, Nirina vacía 490 g de café verde en una sartén que se calienta sobre un fogón de leña, y revuelve los granos continuamente. El segundo crack tarda casi 15 minutos. A los malgaches les gusta el café oscuro. Luego enfría los granos tostados y muele el café en un mortero.

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Los vendedores de café malgaches utilizan un mortero para moler la taza perfecta. Crédito: Nicole Motteux

El proceso es físicamente exigente, ninguno de los niños es lo suficientemente fuerte como para manejar el palo de madera, que es muy pesado; pero después de 25 minutos, está satisfecha de tener un café finamente molido.

“Mi negocio depende de obtener los mejores sabores del café”, me explicó Nirina. “De lo contrario, mis clientes se irán a otro lado”.

Después de moler, es hora de preparar el café.

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Una de las hijas de Nirina filtra el café. Crédito: Nicole Motteux

Nirina coloca cuatro cucharadas de café recién molido en un filtro de tela. Vierte agua hirviendo sobre las partículas con un movimiento circular. Espera pacientemente a que el café se prepare y gotee en una cubeta, antes de verter el café filtrado en una olla de aluminio y ponerlo a hervir. Ahora su patio se llena de un delicioso aroma.

Lleva casi una hora preparar el café hasta este punto, y luego Nirina se sienta con sus hijos para probarlo.

“Mi café nunca tiene ninguna partícula en el fondo de la taza”, me dijo con orgullo. También me contó que aprendió de su madre a preparar un buen café y los detalles del negocio.

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Catar café es un evento familiar. Crédito: Nicole Motteux

El sol se pone mientras Nirina vierte su café en un recipiente de plástico para llevarlo al mercado al día siguiente. Ha sido otro largo día. Se frota las piernas, que le duelen por estar de pie durante horas, y me confiesa que está preocupada por su salud física.

“Mis piernas se hinchan todos los días. El doctor me dio estas pastillas, pero nada ha cambiado. Algo anda mal. No sé qué es y tengo que seguir trabajando para mis hijos. Quiero que este niño vaya a la escuela “.

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La venta de café proporciona una forma de subsistencia valiosa en Madagascar, especialmente para las mujeres. Crédito: Nicole Motteux

La Calidad lo es Todo

Para seguir siendo competitivos en esta cultura amante del café, los vendedores deben ofrecer una taza excepcional: caliente, fuerte e intensa; así como también tortas de arroz y otros bocadillos. En un país con niveles tan altos de pobreza, los clientes solo pagarán por un producto excelente.

Los márgenes son estrechos, pero si logran mantener el número de clientes, los vendedores terminan con un ingreso neto de USD 1-2 por un día de trabajo agotador.

Visité un puesto de café de padre e hija en un terreno deshabitado en la aldea de Ankarafantsika, a 450 km al norte de la capital, Antananarivo. El padre se refiere con orgullo a su puesto como Dadani Julia, llamado así por su hija Julia, de 12 años.

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Julia, de 12 años, sirve café caliente en el puesto de la aldea de su familia. Crédito: Nicole Motteux

Julia ayuda antes de irse a la escuela. Ella sirve el café, toma el dinero y lava las tazas. Es un puesto vibrante y concurrido con un flujo continuo de clientes. Por sus esfuerzos, la familia gana de 20000 a 35000 Ariary (US 10) por día.

El padre de Julia me dijo: “Sé que todos los días debo preparar el mejor café. La gente viene porque mi café es el mejor. Necesito el dinero y tengo competencia de otros vendedores de café “.

Harry Rakotosalama, mi guía en Madagascar, confirmó esto. “El mejor café que tomé en nuestro recorrido fue en el puesto de café de Julia”, dijo repetidas veces. “Y cuando regrese a la aldea de Ankarafantsika, volveré allí”.

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Vendedora de café en su quiosco sobre las chozas de Antananarivo. Crédito: Nicole Motteux

Vender café es un trabajo exigente y competitivo que deja pocas ganancias. Muchos vendedores no ganan lo suficiente para poder proporcionarles educación a sus hijos. Por lo general, tienen poco acceso a servicios de salud, electricidad, una dieta saludable o viviendas de calidad.

Pero a pesar de sus dificultades, los vendedores de café tienen una posición orgullosa en su comunidad. Entregan la sangre vital de Madagascar: café delicioso y caliente que sostiene a la nación.

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Escrito por Nicole Motteux con aportes de Lilani Goonesena y edición de imágenes por parte de Angie Lázaro. Gracias al intérprete y guía, el Sr. Harry Rakotosalam.

Traducido por Alejandra M Hernández. Traducción editada por María José Parra.

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