Coffee News: from Seed to Cup

40 Horas en la Vida de un Comprador de Café Verde

Comprar café verde no es una experiencia Condé Nast.

“Al amanecer, me pongo mis botas y me dirijo al campo con un agricultor local. Paso el día hablando con productores, tomando sancocho, mirando las montañas cubiertas de niebla y tomando el mejor café del mundo”. Eso es lo que la mayoría de las personas asumen que hago, y a veces es lo que hago, pero esto es solo un diminuto aspecto de mi trabajo.

Así que hoy, permítanme compartirles un viaje de compra de café que hice en Colombia. Desde cómo realicé mis decisiones de compra hasta viajar de finca en finca, lo experimentaran todo; y entenderán un poco más del recorrido de la semilla a la taza.

English Version: 40 Hours in The Life of a Colombian Green Bean Buyer

Día Uno: Alistarse

4:45 a.m.: Espero al único bus que sale de Bogotá ese día para poder sentarme cerca de una ventana que funcione. El aire de la mañana entra a través de mi chaqueta de jean, poncho y camisa de franela.

Sé que debería estar nervioso por entrar a el área a la que voy, pero no lo estoy. La ruta desde el centro de Tolima hasta Planadas, en el sur del Tolima, tiene reputación por conflicto armado y, más recientemente, se ha visto afectada por el crimen violento organizado (y desorganizado). En el pasado, tomaba la ruta por Neiva. Anoche, sin embargo, recibí una llamada indicando que me fuera por la ruta habitual, así que aquí estoy.

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Bus equipado para viajarUn minibús completamente equipado, que se sintió como casa al final del viaje.

Día 1: El Viaje Comienza

5:15 a.m.: El tráfico que va hacia las afueras de ciudad está paralizado. Las empresas legales de buses ofrecen servicios directos y estricto control a las personas que se suben al bus, pero Cointrasur, el único servicio Bogotá-Planadas, no.

Rodeamos el sur de Bogotá y Soacha. El auxiliar, que aparentemente va a todas partes, salta del bus en movimiento y molesta a las personas para subirse. Si están de acuerdo, el conductor para por un segundo –máximo-. Si no, el auxiliar corre para alcanzarlo, gritando que espere, y salta dentro del vehículo.

8:00 a.m: Bajando por las colinas alrededor de Silvania, Cundinamarca, nos detenemos en el carril izquierdo para recoger a una mujer de unos 60 años, quien se sienta a mi lado. Su equipaje tiene plumas que se asoman por el costado y puedo escuchar gemidos. Ella me dice que tiene cachorros y gallinas, ¿pero por qué no?

Día 1: Momento Tenso

10:00 a.m.: Pasamos por Espinal, Tolima y por los bosques de mangos, estábamos a unos 800 m.s.m.m., antes de descender más hacia los arrozales secos donde hace una temperatura de 90°F (°C). Me quito mi camisa de franela y todavía sudo. Estamos viajando por un área que la mayoría todavía evita por temor de encontrarse con delincuentes o peor.

Suena una explosión. Todos gritamos, y el autobús sigue moviéndose a toda velocidad. ¿Se explotó un neumático o recibimos un disparo de advertencia? Todos los pasajeros hablaban de esto, pero a los 5 minutos llegamos a una estación de servicio y respiramos de alivio. Mientras que el bus es un horno, el conductor se compra una Coca Cola y el joven auxiliar cambia la llanta como un experto.

Pasto seco en TolimaEl departamento de Tolima, completamente seco, se encuentra alrededor de Guamo, justo antes de acabarse el pavimento.

Mediodía: Nos detenemos en una docena de pueblos pequeños a medida que avanza el día. Los miro de cerca. Cuando las cosas están mal, por lo general, se puede ver: la cantidad de gente en la calle, la expresión de sus caras y la velocidad al caminar. Por lo general, tengo poca información confiable (ahora no es la excepción), así que he aprendido a sentir la vibra y a mantener mi cabeza baja o tomar medidas preventivas cuando sea necesario. No siempre es tan fácil como buscar grafitis de “FARC-EP”, que también es un buen indicador.

Pero el estado de ánimo en la mayoría de las ciudades es sorprendentemente jovial. La gente, en su mayoría hombres, están fuera de casa, bebiendo cerveza en las tiendas o cervecerías improvisadas, estilo Oktoberfest. Los vallenatos y rancheras estrepitosas provienen de pequeños equipos de sonido. Los “Camperos” (camiones de safari) están en todas partes, llevando a los agricultores a la ciudad para vender sus productos de la semana y comprar provisiones; están apilados con provisiones hasta el techo, colchones, sacos de fertilizantes y personas de todas las edades .

tiendas de cerveza del puebloTiendas de cerveza en Ataco, Tolima

Día 1: Llegada a Planadas

4:30 p.m.: Llegué. No puedo encontrar mi contacto o su camioneta, y estoy confundido, recibo miradas de la gente del pueblo. Me siento afuera de una panadería para salir del centro de atención mientras llamo a mi contacto. Ordeno una cerveza fría que he estado anhelando desde que se me acabó el agua hace horas, y disfruto viendo a la gente.

Luego, una mujer de la región se detiene y se tapa la boca, y las puertas de los negocios comienzan a cerrarse. Confundido, miro al panadero que señala detrás de mí con sus labios fruncidos (es un ademán colombiano).

Un tipo alto y delgado con una camisa roja y sombrero se lanza a la calle gritando. Levanta una navaja larga sobre su cabeza lista para golpear torpemente. Otro chico se aleja de él, con una herida debajo de su ojo, y responde gritando. Dos mujeres valientes y fuertes que trabajan en la tienda donde los dos bebían, salen a toda prisa para frenar al hombre de camisa roja.

Considero entrar, pero tengo una deliciosa cerveza fría y es el momento perfecto en la tarde cuando la briza corre y el sol se torna dorado y suave. Así que me quedé.

Plaza central de un puebloPlaza Central, Planadas, Tolima. El momento perfecto del día en el país cafetalero Andino para tomar una cerveza fría.

Día 1: Bebidas y Reuniones

Al fin encuentro a Cacha, mi contacto, y sus amigos que sugieren tomarnos una gaseosa. Yo, inconscientemente pido una cerveza, y los demás también lo hacen por cortesía. Se toman las cervezas antes de pedir otra ronda. En ese momento sabía que iba a tomar varias, y que no había vuelta atrás.

Después de 5 rondas, convencí a mis compañeros para regresar a Gaitania para poder reunirme con mi contacto de la asociación, su jefe. Mis compañeros, estaban en mal estado. Comenzamos la excursión de 45 minutos semi todo terreno con reggaetón y champeta a todo volumen en el camión.

8:30 p.m.: Me reúno con los líderes de la asociación e inmediatamente nos ponemos manos a la obra. Entre el cansancio me las arreglo para hablar sobre las complejidades del procesamiento del café, la economía y la sociología durante dos horas.

Finalmente, me hacen pasar a donde su tía. Duermo profundamente en un colchón de lana a pesar de la música vallenata de la tienda de cerveza de abajo, donde los agricultores de la zona están ocupados gastandose los ingresos de su café de la semana.

Dia 2: Un Nuevo Día en Gaitania

Me desperté antes de que sonara mi alarma para el segundo día y me asombro de ver una cresta de una montaña de 500 metros que bordea la ciudad. Después de una charla incómoda con la tía en pijama, tomo una ducha helada y me preparo para un gran día.

La tía me ofrece “agua” que es turbia y amarilla, y me da un discurso de Herbalife de 30 minutos. Pongo atención, debiéndole al menos eso por la generosa hospitalidad.

Montaña del puebloUn lunes en la mañana tranquilo en Gaitania, Tolima

Día 2: Comienza el Trabajo

Después de un abundante desayuno, Emmanuel y yo nos ponemos nuestras botas pantaneras (botas de goma universales) y sombrero, y nos dirigimos a la primera finca en una moto. Nos fuimos a lo largo de un camino de tierra a través de densos bosques y una que otra finca, pasamos 3 riachuelos y nos perdimos en la compleja red de caminos antes de llegar.

Finalmente, nos acercamos al primer agricultor. Julio estaba ordeñando una vaca en frente de la casa. Lo saludamos; me presentaron como el tipo que lo ayudó a vender su café a X tostador la temporada pasada. Con entusiasmo me extiende su mano empapada de leche, gritando “¡mano de leche!”

Fuimos hacia el comedor que queda al aire libre para tomar un café, donde nos confiesa que ni siquiera le gusta el café. Luego nos cuenta la historia de cómo fue finalista en la Taza de la Excelencia hace 10 años, pero poco después todo se vino abajo. Perdió una pierna cuando pisó una mina (remanente de la guerrilla). Al mismo tiempo, la roya golpeó su finca y perdió todo.

Pero Julio me dijo que, después de haberse renovado y recuperado, sabe que puede volver a donde estaba. Les expliqué nuestro modelo directo a tostador y prometimos nuestro apoyo a su familia y a su finca; él la aceptó.

Familia ordeña una vaca en fincaLa familia de Julio se hace cargo del ordeño de la vaca mientras hablamos de  negocios.

Hicimos una caminata por la finca, complementando el arduo trabajo de la familia y dando recomendaciones sutiles, que incluyeron descartar las 1,000 plántulas de Catimor que tenia en el vivero. Respondí a las preguntas de Julio respecto a su mercado, tostadores de especialidad, con quienes nunca ha tenido contacto. También discutimos sobre cómo puede continuar mejorando la calidad optimizando el procesamiento y la selección de la variedad.

Necesitábamos ir a la próxima finca, pero antes de despedirnos (un proceso largo) la esposa de Julio nos detiene con una taza grande de sancocho y un plato de arroz y huevos. Es absolutamente imperdonable rechazar el sancocho hecho en casa.

Finca y montañasJulio Muñoz nos lleva su parcela de Typica más allá de la casa de su hijo.

Día 2: Carreteras Bloqueadas

Mediodía: Volvimos a la moto, y por otros 45 minutos avanzamos por senderos sin pavimentar hasta la próxima finca. Pasamos increíbles paisajes de selva, subiendo y bajando impresionantes pendientes.

Hicimos la misma rutina en la segunda finca, aceptamos varios vasos de jugo de guayaba, naranja y lima, revisamos los cafetos y la infraestructura de procesamiento, y conversamos con el agricultor.

Pero luego nos dicen que un camión se salió de la carretera y que debemos esperar por lo menos dos horas para poder regresar a la ciudad.

Familia cafeteraLuz Mila González con su familia.

Decidimos arriesgarnos. Al final, nos encontramos con un grupo de casi 30 personas, quienes sudorosos y bebiendo un refresco de manzana, estaban alrededor de un jeep WW2 terriblemente destrozado que servía para transportar los productos de la semana y suministros a varias familias. El jeep cargado se salió bruscamente de la carretera y cayó por un precipicio, por lo que se comunicaron con la comunidad y les ofrecieron refrescos de manzana mientras ayudaban a subirlo con cuerdas.

Centro de acopio de caféEl punto de concentración de la asociación en la ciudad.

Día 2: Catando Café

2:30 p.m.: Es hora de regresar a la ciudad y catar los cafés. Finalmente, después de dos días de viajes y chistes, es la parte tangiblemente productiva del viaje. Quiero ver los cafés de los productores con los que ya nos habíamos comprometido, y ver con qué otros agricultores podríamos trabajar en el programa esta temporada.

Para mi gran decepción, no pude aprobar ninguna de las 30 muestras en la mesa como microlote (más de 86 puntos según nuestros requisitos). Realicé notas detalladas para cada agricultor para revisar y experimentar en el proceso y así mejorar la calidad.

(Aunque ninguno alcanzó la marca ese día, varios productores se ajustaron y alcanzaron el rango de 86-88 después de la cosecha. Muchos de los otros los utilizamos en una mezcla de de la asociación).

Atardecer en TolimaEl momento perfecto de la tarde.

Día 2: Vuelta a Casa

8:30 p.m.: Después de una despedida larga y un gracias, vuelvo con Cacha al camión que me trajo aquí desde Planadas, no pasadas las 24 horas. Tuve que tomar el autobús de las 9 p.m. a Bogotá para llegar a las reuniones de la mañana del día siguiente.

Llegué justo a tiempo para comprar el último boleto para el bus. Estoy sucio, sudoroso, exhausto y condenado al asiento de la mitad de la última fila, que está encima de las ruedas traseras, entre tres hombres adultos. Mis rodillas están cerca de mi quijada porque soy demasiado alto para caber en los buses diseñados para colombianos. Desde el teléfono móvil de un tipo que está a mi lado suena un reguetón fuerte, escandaloso, una ranchera desde los parlantes de arriba y unas baladas de la mujer de adelante que intenta reclinar su asiento en mis rodillas cada minuto.

Guardo las tarjetas de memoria de mi cámara, mi posesión más valiosa, en el bolsillo de mi pantalón, por si acaso. Anhelando mi cama en mi tranquilo departamento en Bogotá, me tomo dos pastillas para el mareo con un efecto secundario sedante fortuito, y me preparo mentalmente para el viaje de 10 horas a casa.

Escrito por  Karl Wienhold de Direct Origin Trading.

Traducido por Alejandra M Hernández y editado por Karla Boza

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